Ya son muchas fotos como ésta. Pero ninguna de ti. Comienzo a desesperarme. Al fin y al cabo, es a ti a quien quiero ver y de quien quiero tener una foto de recuerdo. Lo más importante es que quiero verte, lo antes posible aunque sin que parezca precipitado. El viernes se terminó todo pero estoy convencida que nuestra historia no. Que no ha hecho más que empezar. Si no paro de pensar en ti...
No te miento, estás en mi cabeza me guste o no y tengo que hacer algo al respecto. No importa que nos conozcamos poco, yo quiero más. A mí no me sacia lo poco que sé de ti. Yo quiero saber de todo aquello que me quieras contar. Quiero que me hables de esos paraísos como el de la foto...
Me gustas tanto...
lunes, 25 de marzo de 2013
domingo, 17 de marzo de 2013
Con la esperanza renovada, me acuesto una noche más. Ya son 3 noches desde que ocurrió el milagro. Puedo imaginarme mañana, a estas horas, desinhibida por el alcohol, y dando rienda suelta a mi imaginación. Imaginándome las tonterías que podría decirte si te tuviera a mi lado. Por suerte, no tendré internet para canalizar todos esos pensamientos y hacértelos saber a ti directamente. Espero no cometer ninguna estupidez, pues aún es pronto. Y ya sólo me queda la esperanza de poder verte un rato después de que hayas trabajado alguna noche y llegue yo a las 8 de la mañana... Pero ya son nada más que 4 días. Cuatro días y todo es ya historia... quizá entonces empiece la nuestra. Ojalá me lo permitas. Sé que pido mucho, y sí, primero pedí una oportunidad para conseguir tu número. Ahora que lo tengo, quiero la oportunidad de que me hagas caso y podamos vernos algún día en cualquier bar de Madrid tomando una cerveza, un tinto... en fin, qué sé yo, algo para pillarnos el punto. Y que yo empiece a vacilarte sin contemplaciones y tú te rías y me mires de esa manera y yo siga riéndome. Tus ojos. Son verdes, tienen cierto aire oscuro y misterioso; cuando ríes es cuando más me gustan. Tu acento me transmite serenidad, entusiasmo. A veces te recuerdo de la forma totalmente opuesta. Seria, concentrada en tu trabajo. Sólo por tener ese contraste y recordar que no siempre estás de risas. Que también debo recordarte de otra manera y tener presente que a veces puedes contestarme mal, a veces puedes desencantarme, pero en líneas generales me encantas...
Y todo lo que pido es poder conocerte mejor, que me permitas ese privilegio... simplemente porque me fascinas, me intrigas, me interesas. Quiero saber más de ti, de tus viajes por el mundo, de tu tierra, tus orígenes, de tu familia, de tu casa aquí en Madrid, de cómo está decorada, si sueles tenerla limpia y ordenada o no; de la música que te hace bailar, de las cosas a las que te gusta dedicarle tiempo. Quiero saber más de tus tardes paseando por la calle Alcalá, de tus encuentros con la gente, de qué es lo que te preocupa, si es que acaso existe algo capaz de nublar esa mirada tan serena...
Y todo lo que pido es poder conocerte mejor, que me permitas ese privilegio... simplemente porque me fascinas, me intrigas, me interesas. Quiero saber más de ti, de tus viajes por el mundo, de tu tierra, tus orígenes, de tu familia, de tu casa aquí en Madrid, de cómo está decorada, si sueles tenerla limpia y ordenada o no; de la música que te hace bailar, de las cosas a las que te gusta dedicarle tiempo. Quiero saber más de tus tardes paseando por la calle Alcalá, de tus encuentros con la gente, de qué es lo que te preocupa, si es que acaso existe algo capaz de nublar esa mirada tan serena...
jueves, 14 de marzo de 2013
Última hora de conexión: 15:14
A propósito de...
Agradecida de ti quedo,
agradecida y con un dejo de tristeza,
tristeza que sólo el tiempo
transformar podrá
en un recuerdo para mi eternidad
"¿Me has cambiado por el tequila? No te lo recomiendo: no llama, no escribe y el despertar es horroroso".
Espero que algún día esté yo contigo tomando unas cañas... y que el alcohol corra por mis venas y por las tuyas y ocurra algún accidente entre tú y yo.
Para que nada nos separe,
que no nos una nada,
pero mi cuerpo siempre te conocerá,
mi pensamiento siempre te recordará,
cada canción, imagen u olor a mí te traerá.
Tu amor me hizo volar,
ilusión fue lo que me llenó la vida.
Te devolveré las cartas nunca escritas
te devolveré las rosas marchitas
pero dejaré conmigo tu abrazo
tu beso, tu paciencia,
tu sonrisa, tus ojos,
tu recuerdo.
Para que nada nos separe,
que no nos una nada,
pero mi cuerpo siempre te conocerá,
mi pensamiento siempre te recordará,
cada canción, imagen u olor a mí te traerá.
Tu amor me hizo volar,
ilusión fue lo que me llenó la vida.
Te devolveré las cartas nunca escritas
te devolveré las rosas marchitas
pero dejaré conmigo tu abrazo
tu beso, tu paciencia,
tu sonrisa, tus ojos,
tu recuerdo.
Agradecida de ti quedo,
agradecida y con un dejo de tristeza,
tristeza que sólo el tiempo
transformar podrá
en un recuerdo para mi eternidad
Resaca de ti
Volviendo al lugar de los hechos, y teniendo en cuenta que fue ayer cuando sucedió todo, es normal que hoy sienta esta resaca de ti, aunque pensé que me había dado por satisfecha con los minutos que pasamos hablando de cualquier tema no comprometedor mientras nos dirigíamos hacia el metro. Pero toda ausencia es atroz. Y hoy percibí la tuya. Bastaba que alguien pronunciara tu nombre para captar mi atención; y no te creas, hoy lo escuché más de una vez. Era sensible a esa palabra. Sonaba tan bonita como cuando tú pronunciabas mi nombre. Oye, dime una cosa, ¿me estaré enamorando? Porque tengo la sensación de estar induciendo en mí estos sentimientos, a pesar de tu natural encanto que no ha pasado desapercibido para mí. Pero no será para tanto, ¿no? Para estar pensando tanto en ti... no importa el tiempo que sea, no me aburre pensar en ti, en absoluto. Me reconforta. Aunque hoy más bien me dejó desolada mientras estaba allí, pensando en ti siempre que podía y la actividad me lo permitía.
Una noticia de última hora bombardeó mi 'tranquilidad'... al parecer, mañana también estarás. ¿Es eso posible? Creo que sí, aunque me dijeras que hasta el lunes no volverías por allí... las cosas pueden cambiar. Los horarios son variables. Por otro lado no le doy mucha credibilidad a quien me lo dijo, M., aunque sea tu amiga. Es curioso que, al saberlo, no cambiara en exceso mi estado de ánimo ni me exaltara como habría ocurrido de no tener aún tu móvil. En ese supuesto, habría estallado de felicidad por dentro para más tarde rebajar la euforia pensando si sería verdad y si yo podría estar contigo realmente.
Ahora lo que me preocupa es otra cosa, y es que ayer te hablé, aunque no te dije nada sustancial ni meritorio de ser contestado tal vez, y no me has contestado. Si estás esperando al 22 para poder hacerlo, está bien. Me parece correcto. Sólo espero que no me ignores cuando te pregunte algún día si podemos quedar a tomar algo. Nada más. He pensado en que, al menos una vez al mes, estaría bien. Si fuera en función de cuánto necesitara verte, tendría que ser a diario. Ahora el problema que se plantea es el tema de conversación. Oh, y la edad. Otra vez en mi camino... ¿pero qué son incluso 10 años cuando ni siquiera 20 suponían un obstáculo por estar enamorada de verdad? Mis posibilidades están intactas, al 100%. Y, si vienes mañana, me llevaré una alegría del todo inesperada. Qué mejor forma de terminar la penúltima semana, pues...
Haciendo balance de todo, es increíble el giro que han dado las cosas. De desesperarme, de pensar en cómo decirte que quería poder seguir viéndote de vez en cuando a tener lo que TANTO había ansiado. Es verdad que, una vez conseguido lo que se quiere, ese ímpetu desaparece. Y pensándolo mucho, creo que estoy poniendo demasiadas expectativas en nuestros próximos encuentros. Seguro que tú, de entrada, no esperas lo mismo de esto. En mis manos está cambiarlo.
Una noticia de última hora bombardeó mi 'tranquilidad'... al parecer, mañana también estarás. ¿Es eso posible? Creo que sí, aunque me dijeras que hasta el lunes no volverías por allí... las cosas pueden cambiar. Los horarios son variables. Por otro lado no le doy mucha credibilidad a quien me lo dijo, M., aunque sea tu amiga. Es curioso que, al saberlo, no cambiara en exceso mi estado de ánimo ni me exaltara como habría ocurrido de no tener aún tu móvil. En ese supuesto, habría estallado de felicidad por dentro para más tarde rebajar la euforia pensando si sería verdad y si yo podría estar contigo realmente.
Ahora lo que me preocupa es otra cosa, y es que ayer te hablé, aunque no te dije nada sustancial ni meritorio de ser contestado tal vez, y no me has contestado. Si estás esperando al 22 para poder hacerlo, está bien. Me parece correcto. Sólo espero que no me ignores cuando te pregunte algún día si podemos quedar a tomar algo. Nada más. He pensado en que, al menos una vez al mes, estaría bien. Si fuera en función de cuánto necesitara verte, tendría que ser a diario. Ahora el problema que se plantea es el tema de conversación. Oh, y la edad. Otra vez en mi camino... ¿pero qué son incluso 10 años cuando ni siquiera 20 suponían un obstáculo por estar enamorada de verdad? Mis posibilidades están intactas, al 100%. Y, si vienes mañana, me llevaré una alegría del todo inesperada. Qué mejor forma de terminar la penúltima semana, pues...
Haciendo balance de todo, es increíble el giro que han dado las cosas. De desesperarme, de pensar en cómo decirte que quería poder seguir viéndote de vez en cuando a tener lo que TANTO había ansiado. Es verdad que, una vez conseguido lo que se quiere, ese ímpetu desaparece. Y pensándolo mucho, creo que estoy poniendo demasiadas expectativas en nuestros próximos encuentros. Seguro que tú, de entrada, no esperas lo mismo de esto. En mis manos está cambiarlo.
miércoles, 13 de marzo de 2013
Miracle
Y llegó el día, tal y como sospechaba y temía anoche, más que esperar con ansia la resolución definitiva de esta locura razonable.
El día no podía empezar peor... no conseguí llegar antes de la hora a la que suelo llegar esta semana. Y te vi allí, aún vestida de calle. Durante unos breves instantes tuve la esperanza de que estaría contigo hoy, de que pasaríamos nuestras 6 últimas horas juntas, al menos en ese contexto. De la esperanza pasé al temor de que no fuera a ser así. Para colmo, me sentía herida por tu actitud, la normal, nada que no se saliera de lo esperado; tu actitud altiva que parecía rechazarme solo con no mirarme. Era imposible intercambiar unas palabras contigo a solas. Habría sido un suicidio. Pensando en el desenlace final, me alegro de todo lo que sucedió. He sufrido durante todo el día, he estado con unos nervios inaguantables. Hasta la gente a mi alrededor lo percibió, aunque les hice creer, sin pretenderlo, que era por otra cosa. Así que, como iba diciendo, eran las 8 de la mañana y me encontraba descompuesta, deshecha. No recordaba una mañana peor desde hacía mucho tiempo. Me sentía más sola que nunca, con mis sentimientos incomprendidos y contigo tan cerca, pero tan distante. Desde el colegio no me sentía así, aunque en aquellas ocasiones fuera por otra persona, claro. [...] Te pregunté si acaso te ibas, y repusiste con tu habitual buen humor que no, que venías. Te quedabas. Pero no a mi lado... Yo quería desatarme y correr junto a ti, estar contigo bajo cualquier pretexto. Todo fueron intentos fallidos, y efímeros. Viniste unas cuantas veces por aquel control donde compartimos unas risas, vaciles y alguna que otra confidencia -por tu parte-, y te vi hablando con tu amiga; supongo que sois amigas. Se veía que ella tenía algo que contar. Sentía unas ganas irrefrenables de interrumpiros y pedirte un rato a solas. Sentía ganas de llamar tu atención, a la desesperada. Poco a poco iba venciéndome la desgana y, en fin, la derrota inminente. Aunque todo estaba a la espera de cerrarse del todo. La que creí que sería mi última intentona llegó antes de las 12, por el pasillo. Esperé a que llegaras a mi altura con más bien poco y mal fingido disimulo y descubrí mis intenciones, era mi último recurso. Bueno, uno de los últimos. Te pregunté si vendrías también mañana, y al decirme que no, que hoy era tu último día, supe que todo se decidía hoy, estaba todo en juego y todo por perder. Así que, con mi habitual pasividad al decirle a cualquiera estas palabras, dije: "Ah, entonces, tendremos que despedirnos hoy, que ya no te veo más...". Nada de tristeza ni pucheros en la cara. Era una mera información, fría, calculada. Nada más lejos de la realidad, la derrota se iba sintiendo más y más cercana. Pero no desesperaba. Porque, quien la sigue, la consigue. O porque Dios escuchó mis plegarias y así lo quiso. Eran las dos menos cuarto y empecé a forzar la máquina. Sentía muchísima presión sobre mí, mis manos temblaban. Mi capacidad de concentración se había disuelto hace un buen rato y, sólo por todas aquellas personas presentes en aquel momento ante ti y ante mí, sólo por eso me contuve. Esperé. Quien espera, desespera, dicen. Seguí forzando la situación. Estaba construyendo mi excusa para volver más tarde a cambiarme y coger mis cosas. Confié en que aún seguirías ahí. Cuando terminó aquella sesión, pensé en seguir retrasándome en llegar a la planta, adonde estabas tú. Tenía con quién, si acaso. Pero decidí guiarme por mi instinto, o por lo más lógico, que era llegar cuanto antes a la planta, cambiarse, recoger todo y marcharse a casa, como cualquier otro día. Ya era tarde, y sí, seguías allí. Dando el parte. Entré con las chicas en el cuarto donde estaba mi ropa para cambiarme, seguí mi estrategia. Seguí forzando la situación para librarme de ellas. Y lo conseguí. Eso ya era medio camino hecho. Cuando entraste tú, en cierto modo no pude reprimir mis nervios, que achaqué a las prisas y al estrés antes que a tu presencia, claro. Bebí agua y fingí que realmente lo necesitaba. Di un paso adelante con estas palabras, sin saber cómo te las tomarías... "Bueno, pues ya te espero..."; obtuve como respuesta un "vale", en un tono bastante amistoso y entusiasta, quise creer, no sé, "aunque yo esto me lo tomo con calma, así que si tienes prisa...". Ya estaba vestida y preparada, rezando para que las chicas ya se hubieran marchado. Vinieron una última vez a buscarme, dije que se marcharan sin mí si llegaba el ascensor. Una persona más nos interrumpió, A. Ah, sí, entonces aún continuaba con mi tontería de fingir que andaba buscando algo por la mochila. Delante de ella, debí seguir haciéndolo. Por suerte solo entró a coger algo y salió. Tú seguías vistiéndote, quejándote de que los pantalones no te entraban ya, de lo hinchadas que tenías las piernas. También antes me enseñaste a ti y a otra persona que estaba allí (no recuerdo quién) que tenías tu camiseta interior blanca un poco descosida por un lado. Bromeé con que te hacía falta irte de compras. Reíste de buena gana. Recordaré por mucho tiempo el momento en que estaba agachada en el suelo, "buscando" algo en mi mochila, y oí abrirse la puerta. Dirigí mi vista hacia la izquierda y después hacia arriba, y ahí estabas tú. La persona que había estado buscando todo el día, con quien había deseado estar desde que llegué. Reconocí tus zapatos, aunque para asegurarme miré hacia arriba. Ahí estabas, en uniforme, lista para cambiarte y marcharte, salir a la calle. Mi imaginación se disparaba. Tú y yo, en un espacio reducido a solas. Con la puerta cerrada, lo que le confería cierta intimidad. Aquello era perfecto y más de una vez se me pasó por la cabeza lanzarme a por mi objetivo de pedirte el móvil, pues no deseaba nada más de ti en ese momento (bueno, puestos a desear...). Pero arriesgué, seguí esperando un momento más oportuno y menos violento. Sabía que todo podía saltar por los aires de un momento a otro. Fuera de aquel cuartucho, aún quedaba un último escollo. Estaba visiblemente incómoda y me dediqué a preguntarles a otras si aún las vería antes de que acabáramos estas 7 semanas. Pero tú pareciste ver mi situación, y en un momento, cuando viste que te seguía esperando exclamaste: "Es que está aquí... ay pobre..." Todo fue por la indecisión de tu amiga a la hora de marcharse o no. Yo deseaba con todas mis fuerzas que no se viniera contigo y conmigo. Por un momento pareció que acabaría por acompañarnos, finalmente tu no insistencia la frenó, aunque no la veía muy convencida de querer irse ya, quizá por mí, me era indiferente en ese momento. Bueno, me sentía un poco mal, como que estorbaba. Pero, como he dicho, no insististe y nos fuimos. Fuimos enfilando el pasillo a un paso ligero. Me sentía libre de toda opresión. Realmente, el momento de liberación llegó cuando el ascensor apareció por la planta y nos metimos, sin nadie más allí. Habíamos dejado atrás a tu amiga, y no había vuelta atrás (nunca mejor dicho). Entonces me relajé del todo, aunque todavía seguía teniendo miedo de que en cualquier momento quisieras darme esquinazo. No lo hiciste. Caminamos juntas hasta el metro. El momento de la separación estaba cerca pero me sorprendió que mi intento por alargar la conversación no fuera atajado por ti bruscamente. Tal vez solo trataras de ser amable. Ojalá fuera también en parte interés por mi persona, aunque en ningún momento has mostrado un interés directo hacia mi persona, separada del entorno donde nos conocimos. Hacia mi parte más personal, digamos. No importa, quizá eso surja en otro contexto y con algo de tiempo. Lo mejor de todo fue que no hizo falta pedirte el número. Esperando en el ascensor, me ofreciste pasarme por allí algún día a desayunar, tras mi confesión de que me pongo sentimental en estas situaciones y que ya empiezo a echar de menos todo eso (cuando atravesábamos el pasillo...). En aquel momento pensé que no querías nada más, no querías compromisos dándome mi teléfono y arriesgándote a que quizá fuera una pesada o yo que sé... Pues al final, quién lo diría, acabaste diciéndome que si quería que me apuntara tu teléfono. "Me llamo E.". Levanté la vista del móvil y dije riendo: "Ya, hasta ahí llego". Me hizo gracia que me contaras que tu hermana te dijo que estabas bebiendo mucho últimamente a juzgar por tus fotos del whatsapp. "Hola, me llamo E. y soy alcohólica..." Me reí abiertamente. No perdías tu buen humor. Yo me sentía pletórica, aunque sin saber qué hacer con mis manos, ni hacia dónde dirigir la mirada. Estabas mucho más guapa (de lo que lo estás siempre) vestida de calle. Tus ojos verdes vivarachos me invitaban a perderme en ellos. Seguí la tentación unas cuantas veces. Nos dimos dos besos, una especie de abrazo, tampoco muy estrecho, y nos deseamos suerte, y hasta pronto. Ya habían pasado varios trenes, se veía porque salía gente, y no me habías cortado en medio de la conversación. No te habías excusado alegando que el tren ya había llegado. Los hechos hablan por sí solos.
¿Será esto el comienzo de algo...?
El día no podía empezar peor... no conseguí llegar antes de la hora a la que suelo llegar esta semana. Y te vi allí, aún vestida de calle. Durante unos breves instantes tuve la esperanza de que estaría contigo hoy, de que pasaríamos nuestras 6 últimas horas juntas, al menos en ese contexto. De la esperanza pasé al temor de que no fuera a ser así. Para colmo, me sentía herida por tu actitud, la normal, nada que no se saliera de lo esperado; tu actitud altiva que parecía rechazarme solo con no mirarme. Era imposible intercambiar unas palabras contigo a solas. Habría sido un suicidio. Pensando en el desenlace final, me alegro de todo lo que sucedió. He sufrido durante todo el día, he estado con unos nervios inaguantables. Hasta la gente a mi alrededor lo percibió, aunque les hice creer, sin pretenderlo, que era por otra cosa. Así que, como iba diciendo, eran las 8 de la mañana y me encontraba descompuesta, deshecha. No recordaba una mañana peor desde hacía mucho tiempo. Me sentía más sola que nunca, con mis sentimientos incomprendidos y contigo tan cerca, pero tan distante. Desde el colegio no me sentía así, aunque en aquellas ocasiones fuera por otra persona, claro. [...] Te pregunté si acaso te ibas, y repusiste con tu habitual buen humor que no, que venías. Te quedabas. Pero no a mi lado... Yo quería desatarme y correr junto a ti, estar contigo bajo cualquier pretexto. Todo fueron intentos fallidos, y efímeros. Viniste unas cuantas veces por aquel control donde compartimos unas risas, vaciles y alguna que otra confidencia -por tu parte-, y te vi hablando con tu amiga; supongo que sois amigas. Se veía que ella tenía algo que contar. Sentía unas ganas irrefrenables de interrumpiros y pedirte un rato a solas. Sentía ganas de llamar tu atención, a la desesperada. Poco a poco iba venciéndome la desgana y, en fin, la derrota inminente. Aunque todo estaba a la espera de cerrarse del todo. La que creí que sería mi última intentona llegó antes de las 12, por el pasillo. Esperé a que llegaras a mi altura con más bien poco y mal fingido disimulo y descubrí mis intenciones, era mi último recurso. Bueno, uno de los últimos. Te pregunté si vendrías también mañana, y al decirme que no, que hoy era tu último día, supe que todo se decidía hoy, estaba todo en juego y todo por perder. Así que, con mi habitual pasividad al decirle a cualquiera estas palabras, dije: "Ah, entonces, tendremos que despedirnos hoy, que ya no te veo más...". Nada de tristeza ni pucheros en la cara. Era una mera información, fría, calculada. Nada más lejos de la realidad, la derrota se iba sintiendo más y más cercana. Pero no desesperaba. Porque, quien la sigue, la consigue. O porque Dios escuchó mis plegarias y así lo quiso. Eran las dos menos cuarto y empecé a forzar la máquina. Sentía muchísima presión sobre mí, mis manos temblaban. Mi capacidad de concentración se había disuelto hace un buen rato y, sólo por todas aquellas personas presentes en aquel momento ante ti y ante mí, sólo por eso me contuve. Esperé. Quien espera, desespera, dicen. Seguí forzando la situación. Estaba construyendo mi excusa para volver más tarde a cambiarme y coger mis cosas. Confié en que aún seguirías ahí. Cuando terminó aquella sesión, pensé en seguir retrasándome en llegar a la planta, adonde estabas tú. Tenía con quién, si acaso. Pero decidí guiarme por mi instinto, o por lo más lógico, que era llegar cuanto antes a la planta, cambiarse, recoger todo y marcharse a casa, como cualquier otro día. Ya era tarde, y sí, seguías allí. Dando el parte. Entré con las chicas en el cuarto donde estaba mi ropa para cambiarme, seguí mi estrategia. Seguí forzando la situación para librarme de ellas. Y lo conseguí. Eso ya era medio camino hecho. Cuando entraste tú, en cierto modo no pude reprimir mis nervios, que achaqué a las prisas y al estrés antes que a tu presencia, claro. Bebí agua y fingí que realmente lo necesitaba. Di un paso adelante con estas palabras, sin saber cómo te las tomarías... "Bueno, pues ya te espero..."; obtuve como respuesta un "vale", en un tono bastante amistoso y entusiasta, quise creer, no sé, "aunque yo esto me lo tomo con calma, así que si tienes prisa...". Ya estaba vestida y preparada, rezando para que las chicas ya se hubieran marchado. Vinieron una última vez a buscarme, dije que se marcharan sin mí si llegaba el ascensor. Una persona más nos interrumpió, A. Ah, sí, entonces aún continuaba con mi tontería de fingir que andaba buscando algo por la mochila. Delante de ella, debí seguir haciéndolo. Por suerte solo entró a coger algo y salió. Tú seguías vistiéndote, quejándote de que los pantalones no te entraban ya, de lo hinchadas que tenías las piernas. También antes me enseñaste a ti y a otra persona que estaba allí (no recuerdo quién) que tenías tu camiseta interior blanca un poco descosida por un lado. Bromeé con que te hacía falta irte de compras. Reíste de buena gana. Recordaré por mucho tiempo el momento en que estaba agachada en el suelo, "buscando" algo en mi mochila, y oí abrirse la puerta. Dirigí mi vista hacia la izquierda y después hacia arriba, y ahí estabas tú. La persona que había estado buscando todo el día, con quien había deseado estar desde que llegué. Reconocí tus zapatos, aunque para asegurarme miré hacia arriba. Ahí estabas, en uniforme, lista para cambiarte y marcharte, salir a la calle. Mi imaginación se disparaba. Tú y yo, en un espacio reducido a solas. Con la puerta cerrada, lo que le confería cierta intimidad. Aquello era perfecto y más de una vez se me pasó por la cabeza lanzarme a por mi objetivo de pedirte el móvil, pues no deseaba nada más de ti en ese momento (bueno, puestos a desear...). Pero arriesgué, seguí esperando un momento más oportuno y menos violento. Sabía que todo podía saltar por los aires de un momento a otro. Fuera de aquel cuartucho, aún quedaba un último escollo. Estaba visiblemente incómoda y me dediqué a preguntarles a otras si aún las vería antes de que acabáramos estas 7 semanas. Pero tú pareciste ver mi situación, y en un momento, cuando viste que te seguía esperando exclamaste: "Es que está aquí... ay pobre..." Todo fue por la indecisión de tu amiga a la hora de marcharse o no. Yo deseaba con todas mis fuerzas que no se viniera contigo y conmigo. Por un momento pareció que acabaría por acompañarnos, finalmente tu no insistencia la frenó, aunque no la veía muy convencida de querer irse ya, quizá por mí, me era indiferente en ese momento. Bueno, me sentía un poco mal, como que estorbaba. Pero, como he dicho, no insististe y nos fuimos. Fuimos enfilando el pasillo a un paso ligero. Me sentía libre de toda opresión. Realmente, el momento de liberación llegó cuando el ascensor apareció por la planta y nos metimos, sin nadie más allí. Habíamos dejado atrás a tu amiga, y no había vuelta atrás (nunca mejor dicho). Entonces me relajé del todo, aunque todavía seguía teniendo miedo de que en cualquier momento quisieras darme esquinazo. No lo hiciste. Caminamos juntas hasta el metro. El momento de la separación estaba cerca pero me sorprendió que mi intento por alargar la conversación no fuera atajado por ti bruscamente. Tal vez solo trataras de ser amable. Ojalá fuera también en parte interés por mi persona, aunque en ningún momento has mostrado un interés directo hacia mi persona, separada del entorno donde nos conocimos. Hacia mi parte más personal, digamos. No importa, quizá eso surja en otro contexto y con algo de tiempo. Lo mejor de todo fue que no hizo falta pedirte el número. Esperando en el ascensor, me ofreciste pasarme por allí algún día a desayunar, tras mi confesión de que me pongo sentimental en estas situaciones y que ya empiezo a echar de menos todo eso (cuando atravesábamos el pasillo...). En aquel momento pensé que no querías nada más, no querías compromisos dándome mi teléfono y arriesgándote a que quizá fuera una pesada o yo que sé... Pues al final, quién lo diría, acabaste diciéndome que si quería que me apuntara tu teléfono. "Me llamo E.". Levanté la vista del móvil y dije riendo: "Ya, hasta ahí llego". Me hizo gracia que me contaras que tu hermana te dijo que estabas bebiendo mucho últimamente a juzgar por tus fotos del whatsapp. "Hola, me llamo E. y soy alcohólica..." Me reí abiertamente. No perdías tu buen humor. Yo me sentía pletórica, aunque sin saber qué hacer con mis manos, ni hacia dónde dirigir la mirada. Estabas mucho más guapa (de lo que lo estás siempre) vestida de calle. Tus ojos verdes vivarachos me invitaban a perderme en ellos. Seguí la tentación unas cuantas veces. Nos dimos dos besos, una especie de abrazo, tampoco muy estrecho, y nos deseamos suerte, y hasta pronto. Ya habían pasado varios trenes, se veía porque salía gente, y no me habías cortado en medio de la conversación. No te habías excusado alegando que el tren ya había llegado. Los hechos hablan por sí solos.
¿Será esto el comienzo de algo...?
martes, 12 de marzo de 2013
El tiempo transcurre de otra manera desde que tú entraste en mis pensamientos
Esta lucha contra mis instintos es terrible.
Ya es martes, y aún no has venido... lástima que no escuchara con más atención cuando me dijiste qué días vendrías. Pero tengo la corazonada de que mañana sí, y si no mañana, el jueves. El viernes estoy segura de que no. O al menos lo estaba... ya no estoy segura de nada. Ni siquiera de lo que pretendo hacer y que llevo planeando desde el viernes, última vez que estuve contigo. Supongo que este miedo es lo más normal. Miedo al rechazo. Miedo a que todo se haga pedazos. Sé que he vuelto a depositar demasiadas esperanzas en una sola persona; sí, en ti.
Paso el día pensando en ti, me acuesto pensando en ti y me levanto pensando en ti... es todo lo que hago y necesito dejar de hacerlo, porque acabaré volviéndome loca. Y si mañana te veo aparecer y no estoy contigo, no sé qué será de mí. Aunque temo ese momento, prefiero acabar ya con este despropósito, para mal... o para bien. Pido una sola oportunidad para hacer todo lo que esté en mis manos.
Una sola.
Ya es martes, y aún no has venido... lástima que no escuchara con más atención cuando me dijiste qué días vendrías. Pero tengo la corazonada de que mañana sí, y si no mañana, el jueves. El viernes estoy segura de que no. O al menos lo estaba... ya no estoy segura de nada. Ni siquiera de lo que pretendo hacer y que llevo planeando desde el viernes, última vez que estuve contigo. Supongo que este miedo es lo más normal. Miedo al rechazo. Miedo a que todo se haga pedazos. Sé que he vuelto a depositar demasiadas esperanzas en una sola persona; sí, en ti.
Paso el día pensando en ti, me acuesto pensando en ti y me levanto pensando en ti... es todo lo que hago y necesito dejar de hacerlo, porque acabaré volviéndome loca. Y si mañana te veo aparecer y no estoy contigo, no sé qué será de mí. Aunque temo ese momento, prefiero acabar ya con este despropósito, para mal... o para bien. Pido una sola oportunidad para hacer todo lo que esté en mis manos.
Una sola.
domingo, 10 de marzo de 2013
Elena
Curioso que, la primera vez que nos conociéramos, tampoco reparara demasiado en tu persona. Tan sólo en tu marcado acento canario. Y en que quizá me pareciera un poco forzada tu actitud y disposición a ayudarme si así lo necesitaba. Me intimidabas un poco, aunque eso conmigo no es difícil conseguirlo. Y, en cambio, ahora... tú misma dices que te vacilo. Espero que en ningún momento lo hayas interpretado de forma errónea. Bueno, es que ni siquiera sabes lo que provocas en mí. Si lo supieras todo... te asustarías. O a lo mejor te gustaría. Yo sólo sé que me muero de ganas de que llegue el martes y volver a verte y volver a reírnos. Seguro que estás de humor. Que nada te lo estropee, por favor. Y, aunque sea así, que sea yo capaz de arreglarlo. Soportaré lo que toque mañana, a quien sea. Solo porque llegue el martes... ¿y el jueves? Si no recuerdo mal, vendrías dos días más. También el lunes en que es fiesta y no vendré. No estaré en Madrid. Si no... tal vez hubiera venido, aunque no me estaría permitido. Será el último día que vengas antes de que yo me vaya, seguramente para siempre, de ese lugar. De ese maravilloso pasillo donde aprendí a sobrellevar la jornada con buen humor que, por qué no, también se puede.
Superado el primer paso, el más fácil y menos costoso, queda el segundo y último. ¿Aceptarás darme tu número o querrás cortar cualquier lazo ya para siempre? Porque será difícil encontrarte fuera de ese sitio... la vida da muchas vueltas, y más ahora. Le pido a Dios que me brinde esta oportunidad de tenerte disponible para quedar algún día y tomar algo y charlar. Aunque eso, a estas alturas, aún es mucho aventurar. Pero ahora todo pasa por esta semana extra, como caída del cielo, en que estaré contigo dos días. Llegará el momento de la despedida y seguramente soltaré alguna tontería, me pondré sentimental y dejaré entrever que me he encariñado más allá de lo que unos cuantos días juntas pueden permitir...
![]() |
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)


