jueves, 27 de octubre de 2011

Me pregunto si tan solo existo para ti, y muchas veces lo dudo. Aguanto estoicamente en mi difícil posición, y lucho contra viento y marea, como si me encontrara en el cabo más alto que haya al lado del mar. Las olas chocan contra mí, el viento me derriba, pero no consigo caer al mar, ahogarme y olvidar... Son tantas sensaciones dispares. Es sentirte en una nube, y después preguntarte qué demonios haces queriendo a alguien como tú, esperando... yo creo que no, pero sé que esa espera me está consumiendo.

domingo, 23 de octubre de 2011

Yo no me quería enamorar...

Y es que el abrazo que necesito es el único que no voy a poder tener. ¿No es irónico? Voy a empezar a pensar que tengo muy mala suerte, o que me gusta torturarme. Que me gustan los imposibles, que soy adicta a ellos como a ella en este momento. Me despierto, y pienso en ella, porque sé que en un rato la veré. Me levanto, y ella es la razón por la que lo hago. Salgo de mi casa con una sonrisa, en su búsqueda. Y sé que fuerzo la sonrisa por ella. Pero llega ella y me hago la indiferente, estoy esquiva... y la sonrisa se me borra de la cara. Cuando me castiga con sus eternos silencios, sufro en silencio, me come el ansia por dentro, el ansia de sentir que nuestro tiempo juntas pasa en vano... tengo al lado a esa persona, a esa persona a la que le dedicaría mil palabras, cada una con más sentimientos que la anterior, y no hablo. Ninguna dice nada. Hablamos por medio de silencios; lo sé. Lo he sentido. Yo buceo en sus pensamientos y ella rebusca en los míos. Aún confía en dar con mi secreto mejor guardado hasta ahora. Porque, hasta hace poco, ella sabía de todos mis secretos... le contaba todos, hasta que ella se convirtió en uno de ellos.
La quiero... me ilusiono con que hubo un tiempo en que yo tenía el monopolio de su atención. Me engaño pensando en que alguna vez fue mía. Fue entonces cuando la perdí... porque nunca la tuve. Sé que ella detestaría la idea de saberse de alguien. A mí me encantaría saberme suya... me dejaría poseer. Me dejaría secuestrar, llevarme adonde ella quisiera llevarme.
Ahora es demasiado tarde. Ya siempre lo será, porque aquello sucedió. Y hay puertas que, una vez abiertas, no se pueden volver a cerrar, ni volver a cómo era todo antes de que se abriera la puerta. Y eso es lo que sucedió... fui la invitada a la que nadie invitó. Una invitada indeseada. Me colé entre dos personas que se querían, que se quieren. Parecía imposible que ellas pudieran acabar juntas y, sin embargo... el corazón dicta, el cuerpo obedece. Yo no me dejé llevar... no era de recibo. Sabía cómo habría acabado. Decidí que dejaría de quererla, que ganaría la más dura de las batallas, la victoria sobre uno mismo. Me alejé a la fuerza. Sentía ganas de decirle "buenos días, princesa" pero me obligaba a decir "hola" con gesto inexpresivo. En vez de sonreírle, torcía el gesto de la boca. A veces me dejaba vencer por mi propia debilidad, me compadecía de mí misma y buscaba en sus brazos un poco de calor, pero ella nunca me lo dio.
La odio... sí, la odio porque llega con su sonrisa y me hace creer que todo es posible. La odio porque me mata y me da la vida a la vez. La odio porque no sería capaz de hacerle daño a ella ni a las personas que ella ama... por eso, todo esto es un error.