jueves, 28 de enero de 2010
viernes, 8 de enero de 2010
Me burlo de mi dolor, para que no te burles tú.
Deseo decirte las palabras más sinceras, pero no me atrevo, pues temo que no me creas.
Por ello las disfrazo de mentiras y digo lo contrario de lo que pienso.
Me esfuerzo en que mi dolor parezca absurdo para que no te lo parezca a ti.
Deseo decirte las palabras más valiosas, pero no me atrevo, pues temo no ser correspondida.
Por ello te nombro duramente y me enorgullezco de mi insensibilidad.
Deseo sentarme silenciosamente a tu lado, pero no me atrevo, pues temo que mis labios traicionen mi corazón.
Por ello hablo disparatadamente, escondiendo mi corazón tras mis palabras.
Trato a mi pena con dureza, para que no lo hagas tú.
Deseo alejarme de ti, pero no me atrevo, pues temo que descubras mi cobardía.
Por ello levanto la cabeza y me acerco a ti con aire indiferente.
La constante provocación de nuestras miradas remueve mi dolor sin piedad.
Tal cual.
Deseo decirte las palabras más sinceras, pero no me atrevo, pues temo que no me creas.
Por ello las disfrazo de mentiras y digo lo contrario de lo que pienso.
Me esfuerzo en que mi dolor parezca absurdo para que no te lo parezca a ti.
Deseo decirte las palabras más valiosas, pero no me atrevo, pues temo no ser correspondida.
Por ello te nombro duramente y me enorgullezco de mi insensibilidad.
Deseo sentarme silenciosamente a tu lado, pero no me atrevo, pues temo que mis labios traicionen mi corazón.
Por ello hablo disparatadamente, escondiendo mi corazón tras mis palabras.
Trato a mi pena con dureza, para que no lo hagas tú.
Deseo alejarme de ti, pero no me atrevo, pues temo que descubras mi cobardía.
Por ello levanto la cabeza y me acerco a ti con aire indiferente.
La constante provocación de nuestras miradas remueve mi dolor sin piedad.
Tal cual.
martes, 5 de enero de 2010
5 de enero. Hace unos años, a estas horas, ya andaba de un lado a otro de la casa y me ponía a urdir un plan para conocer, por fin, a los Reyes Magos. Quería verles, convencida de que existían... muchas veces opté por el típico plan de pasar la noche en vela para descubrirles. Pensé en dejar grabadoras, cámaras, micros en el salón... un auténtico despliegue para intentar pillarles. Ahora suena tan ridículo... esos fueron los últimos años que creí en ellos. Comencé, poco a poco, a sospechar, y quise averiguar la verdad por mí misma. Y no lo conseguí por mis propios medios. Finalmente fue una compañera de clase quien me lo dijo. El famoso momento en el que pasar de ser un niño ilusionado a ser un niño ingenuo. Tu primera reacción suele ser el enfado, el inconformismo, no conformarte con la verdad, en definitiva. Llega entonces tu primer palo serio. Te das cuenta de que la vida no es como te la pintaban los mayores, y que ya no puedes fiarte ni de lo que te digan tus padres. Comprendes, con tristeza e impotencia, que incluso detrás de la magia más inverosímil hay un truco, y que, por supuesto, no existen las hadas, duendes... ni el Ratoncito Pérez, ni los Reyes Magos, ni Papá Noel. Es como si te hubieran roto los esquemas con unas cuantas palabras. Y piensas: "Ya decía yo... demasiado bonito para ser real." Joder, quiero volver a esas noches de ilusión, de magia, de todo. Esas noches en las que era la pequeña de la casa, y no una adulta más. Esas noches en las que mi madre me insistía en que me fuera a la cama si quería que los Reyes llegaran...
lunes, 4 de enero de 2010
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