domingo, 17 de marzo de 2013

Con la esperanza renovada, me acuesto una noche más. Ya son 3 noches desde que ocurrió el milagro. Puedo imaginarme mañana, a estas horas, desinhibida por el alcohol, y dando rienda suelta a mi imaginación. Imaginándome las tonterías que podría decirte si te tuviera a mi lado. Por suerte, no tendré internet para canalizar todos esos pensamientos y hacértelos saber a ti directamente. Espero no cometer ninguna estupidez, pues aún es pronto. Y ya sólo me queda la esperanza de poder verte un rato después de que hayas trabajado alguna noche y llegue yo a las 8 de la mañana... Pero ya son nada más que 4 días. Cuatro días y todo es ya historia... quizá entonces empiece la nuestra. Ojalá me lo permitas. Sé que pido mucho, y sí, primero pedí una oportunidad para conseguir tu número. Ahora que lo tengo, quiero la oportunidad de que me hagas caso y podamos vernos algún día en cualquier bar de Madrid tomando una cerveza, un tinto... en fin, qué sé yo, algo para pillarnos el punto. Y que yo empiece a vacilarte sin contemplaciones y tú te rías y me mires de esa manera y yo siga riéndome. Tus ojos. Son verdes, tienen cierto aire oscuro y misterioso; cuando ríes es cuando más me gustan. Tu acento me transmite serenidad, entusiasmo. A veces te recuerdo de la forma totalmente opuesta. Seria, concentrada en tu trabajo. Sólo por tener ese contraste y recordar que no siempre estás de risas. Que también debo recordarte de otra manera y tener presente que a veces puedes contestarme mal, a veces puedes desencantarme, pero en líneas generales me encantas...

Y todo lo que pido es poder conocerte mejor, que me permitas ese privilegio... simplemente porque me fascinas, me intrigas, me interesas. Quiero saber más de ti, de tus viajes por el mundo, de tu tierra, tus orígenes, de tu familia, de tu casa aquí en Madrid, de cómo está decorada, si sueles tenerla limpia y ordenada o no; de la música que te hace bailar, de las cosas a las que te gusta dedicarle tiempo. Quiero saber más de tus tardes paseando por la calle Alcalá, de tus encuentros con la gente, de qué es lo que te preocupa, si es que acaso existe algo capaz de nublar esa mirada tan serena...

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