viernes, 21 de septiembre de 2012

Viernes. Una semana.

Toda la prisa que tuve antes del verano, antes de marcharme durante una buena temporada, la vuelvo a tener ahora. Siento que cada día que pasa es un día menos... sin ti. Que el margen para 'recuperarte' es cada vez más limitado y ya no hay nada que hacer.
Porque, cada vez que me cuentas que la quieres, que a veces has estado a punto de dejarla por unos motivos u otros pero sigues a su lado porque la quieres, yo tengo que fingir que me estás contando cualquier banalidad. Que tus palabras me resbalan, no me hacen daño, me producen la más absoluta indiferencia... y eso me hace sentir miserable. También un poco estúpida, por dar tanta importancia a quien fue capaz de estar sin hablarme todo un verano.
Dices que te alejaste para protegerme a mí, pero yo sé que había otros motivos (excusas) para ello. Lo peor es que ahora vuelves y pretendes que todo vuelva a ser igual. Vuelves pidiendo perdón y reclamando un tiempo perdido que yo deseo recuperar, ¡claro que sí! Pero es que mostrarme débil ante ti nuevamente me cuesta tanto... Tú no lo ves así, claro. Pero yo estoy volviendo a estar donde tú quieres, a hacer lo que tú quieres. Aún tienes la osadía de decir que todo está perdido, sabiendo, quizás, que yo no me callaré frente a esas palabras y que replicaré que no está todo perdido, ni mucho menos...
De nuevo, tú lo tienes todo, ¿y qué tengo yo? Tengo nuestros momentos de risas, de confidencias, de conversaciones a solas que siempre me remueven por dentro... pero fuera de ese ámbito universitario yo no tengo sitio en tu vida. O eso me demuestras un fin de semana más. Los fines de semana han llegado a convertirse para mí en un castigo... más que un descanso, o unos días en los que poder dedicarme más tiempo. Siempre tengo la sensación de que los ratos que pasamos son producto de tus ratitos libres entre una actividad y otra en los que no tienes nada que hacer. Bueno, casi siempre... esperar el autobús. Eso hago. Esperar contigo a que te marches. Una despedida más. Sólo queda alejarse sin decir ni tan siquiera adiós y darse la vuelta y mirarte a escondidas una última vez, y si también estás mirando, sonreír traviesamente. Y con cierta amargura, imperceptible para ti, por lo lejos que estás ya...

Esos momentos de risas, de complicidad palpable, sí, sólo los tenemos tú y yo y sé que alguien debe de sentir envidia al mirarnos y ver que siempre estamos riendo. Todo parece ideal entre tú y yo de cara al exterior... lo que hay entre nosotrs nadie más lo sabe. Tanto lo malo como lo bueno. Hoy me has llamado amiga... ya daba por perdido llegar a serlo. Tristemente pensé ayer que estoy en esa zona y ya nunca me podrás ver de otra manera... quizá sea ésa tu razón. Tu razón por la que no das un duro por mí, no me das ni la mínima esperanza de hacerme creer que podrías enamorarte de mí. ¿Enamorarte? Sólo tienes ojos para ella, yo lo sé y lo he sabido siempre. Pero este nuevo acercamiento hace que yo quiera implicarme más y más, y ya me estoy quemando. Y me plantea viejas preguntas sin respuesta...

¿Me hace bien estar contigo? ¿Me hace bien estar cerca de ti, aunque no nos hablásemos? Pero, ¿me hace algún bien poner yo misma la distancia entre esa persona con la que quiero estar y yo? ¿Debo ir en contra de mis sentimientos y mi voluntad, mantener la prudencia... o seguir adelante, con todo? Mintiéndote todos los días a los ojos, fingiendo que no te quiero, que no me encantas... pidiéndote perdón en silencio por quererte tanto y porque me guste tanto pasar el tiempo contigo. ¿Por qué me gusta pasar tiempo contigo? ¿Por cómo eres tú, o por cómo me haces sentir a mí...?

Sólo sé que ahora estás con ella, y ese pensamiento es más de lo que puedo y quiero soportar. Y que ahora me faltas más que nunca, quiero creer que no por puro egoísmo y rabia de pensar que estás con ella. Quiero pensar que te necesito, muy a mi pesar, exista ella o no. Esté ella en tu vida o no.



Así que sálvame, por favor, Dios, no quiero verla más... pero necesito escribir esto porque apuesto que la gente que dice que se acabó no sabe nada, no tiene ni idea de nada. ¡Maldita su vida...!