domingo, 10 de marzo de 2013

Elena

Curioso que, la primera vez que nos conociéramos, tampoco reparara demasiado en tu persona. Tan sólo en tu marcado acento canario. Y en que quizá me pareciera un poco forzada tu actitud y disposición a ayudarme si así lo necesitaba. Me intimidabas un poco, aunque eso conmigo no es difícil conseguirlo. Y, en cambio, ahora... tú misma dices que te vacilo. Espero que en ningún momento lo hayas interpretado de forma errónea. Bueno, es que ni siquiera sabes lo que provocas en mí. Si lo supieras todo... te asustarías. O a lo mejor te gustaría. Yo sólo sé que me muero de ganas de que llegue el martes y volver a verte y volver a reírnos. Seguro que estás de humor. Que nada te lo estropee, por favor. Y, aunque sea así, que sea yo capaz de arreglarlo. Soportaré lo que toque mañana, a quien sea. Solo porque llegue el martes... ¿y el jueves? Si no recuerdo mal, vendrías dos días más. También el lunes en que es fiesta y no vendré. No estaré en Madrid. Si no... tal vez hubiera venido, aunque no me estaría permitido. Será el último día que vengas antes de que yo me vaya, seguramente para siempre, de ese lugar. De ese maravilloso pasillo donde aprendí a sobrellevar la jornada con buen humor que, por qué no, también se puede.

Superado el primer paso, el más fácil y menos costoso, queda el segundo y último. ¿Aceptarás darme tu número o querrás cortar cualquier lazo ya para siempre? Porque será difícil encontrarte fuera de ese sitio... la vida da muchas vueltas, y más ahora. Le pido a Dios que me brinde esta oportunidad de tenerte disponible para quedar algún día y tomar algo y charlar. Aunque eso, a estas alturas, aún es mucho aventurar. Pero ahora todo pasa por esta semana extra, como caída del cielo, en que estaré contigo dos días. Llegará el momento de la despedida y seguramente soltaré alguna tontería, me pondré sentimental y dejaré entrever que me he encariñado más allá de lo que unos cuantos días juntas pueden permitir...

No hay comentarios:

Publicar un comentario