sábado, 16 de abril de 2011

Un 14 de junio ya nunca más significará lo mismo para mí...

- ¡Anda! ¿Pero qué haces tú aquí? Yo que pensé que vendrías a vernos a menudo y, al final, ya hace más de medio año desde que te vi por última vez...
- He venido a darme un homenaje. Quería regalarme a mí misma este momento, estar contigo.
- ¿Y a qué se debe tal homenaje?
- A que hoy es mi cumpleaños, 19, el primero que celebro sin estar aquí, tras muchos años. Supuse que no lo recordarías.
- Bueno, ya sabes... siempre tenías que recordármelo. Incluso, una vez, recuerdo que te eché la bronca en un día así.
- Sí, yo también lo recuerdo... tengo bastante buena memoria para lo que quiero, y no lo digo por querer vengarme de ti después de aquello, sino porque cuesta olvidar todo lo que he vivido junto a ti.
- Imagino que viviste muy buenos momentos aquí.
- Y otros no tan buenos... ¿recuerdas esa conversación tan privada entre nosotros? Estaba tan asustada...
- Claro que la recuerdo. Admito que no tuve demasiado tacto, y a partir de ahí, todo empezó a marchar distinto.
- Porque yo lo permití. Pero, en el fondo, si algo no podía permitir, era dejar de sentir algo por ti. Y, aunque no lo creas, hoy no había venido con la intención de hablar de esto, porque sé que te hace sentir incómodo. Pero siempre, de alguna manera, acabas haciéndome hablar de ello.
- Vamos, Ruth, sabes que nunca quise hacerte daño pero, a veces, no podía evitarlo...
- Con lo fácil que habría sido evitarme hasta obligarme a odiarte...
- Tampoco quería eso. Yo... yo no era capaz de hacer algo premeditadamente, hacía todo como lo sentía, cada cosa, en su momento. Intentaba tener presente lo que nos unía y para qué estábamos aquí, desde luego, no para hacernos daño. No quería desconectarme de ti... supongo que porque a nadie le amarga tener a alguien detrás de él.
- Ya, claro. Eso fue lo que hice, es cierto. Y ya no hay una primera vez para intentar que me conozcas de otra manera. Ya sabes que me entrego, que me ilusiono fácilmente, y que, para mí, amar es como vivir soñando. Al menos, amándote a ti, así es.
- No me obligues a contestar con el corazón; si lo hago con la cabeza, te dolerá menos.
- Mira, César... has sido una persona muy importante en mi vida. Todavía hoy, al levantarme, he pensado en ti y se me ha encogido el corazón y ensanchado la sonrisa. Pero vengo para decirte que me marcho. Que es mejor que lo dejemos estar, tal cual, que bastante se nos ha ido de las manos ya... bueno, está bien, hablo por mí. Se me ha descontrolado por completo y en mi nueva vida, ésa que no puede incluirte a ti, porque, si no, volveré al punto de partida, no hay espacio para sentimientos tan intensos. No hay espacio para un amor no correspondido, un amor que nadie quiso ni deseó.
- ¿Ni siquiera tú misma lo deseaste?
- No de tal magnitud. Había días que dolía mucho, y tú no hacías más que pasearte con indiferencia delante de mis ojos.
- Yo no sabía nada, cuando empecé a sospecharlo, automáticamente me alejé.
- Sin saber que sería peor el remedio que la enfermedad.
- ¿Qué quieres decir?
- Oh, por favor, ¡no seas ingenuo, César! Yo me adentraba cada vez más en ese abismo, y me era más difícil salir. Era como si tú tiraras de mí. Tú te alejabas y yo me acercaba más a ti.
- Lo siento, ya sabes que no pret...
- Ya basta de disculpas, el daño está hecho y, por desgracia, no sirvió para querer olvidarte. Hoy es mi cumpleaños y me regalo el privilegio de poder decir que me 'independizo' de ti, que se acabó.




No hay comentarios:

Publicar un comentario