Tras un día entero prácticamente en casa, llena de pensamientos tóxicos, ya no puedo pensar más en ti. Quiero forzarte a que me hables, a que retomes el hilo de las conversaciones que hemos tenido estos días... conversaciones necesarias para poder organizar el viaje, ya que de otra forma no hubiéramos hablado tanto. Y la última conversación enrareció el ambiente... y no en un buen sentido. Supongo que metí la pata por preguntarte acerca de tu hermana y sus decisiones. Pareces bastante conservadora y respetuosa con las decisiones de los demás, y que no te entrometes para nada.
Por eso sentí hacia mi persona cierto rechazo. Me quedé preocupada de que pudieras descubrir de mí algo que no te gustara... pero al fin y al cabo no me ves como yo a ti te veo. Yo... te tengo en un pedestal.
También te odio muchas veces, cuando callas, que es a menudo. Cuando sólo me dices dos palabras y esperas que yo te conteste largo y tendido, con mi habitual ilusión.
[Haré una pausa para mirar cuántos días quedan hasta el día señalado...]
Cuarenta días.
Creo que debo pararme los pies antes de que me haga demasiado daño. Creo que soy caprichosa, mucho. Antes no me di cuenta, hasta que una amiga gallega me lo dijo, inocentemente. Comprendí que es así, que me encapricho con una persona y durante cierto tiempo sólo puedo pensar en ella y centrarme en ella, olvidando y descuidando a los demás, y todo lo de mi alrededor...
Cansancio... ganas de olvidar este día que sólo ha traído preocupaciones estériles...
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