Hoy vengo a hablar aquí, y no sólo de ti, lo cual es casi novedad en los tiempos que corren.
Anoche me dormí lentamente conciliando el sueño de la manera que más me gusta: planeando un viaje de verano... con esa persona. Pensando incluso en las fotos que nos haríamos, frente al mar, en la playa, de noche, bajo un sol de justicia, mirándonos, fingiendo enfado quizá... en definitiva, de todas las maneras posibles. Desde que la conocí por segunda vez, mi obsesión siempre ha sido hacerle fotos y después empapelar mi mundo con ellas. Quizá algún día lo consiga, pero sé que entonces no seré la misma. Ya no lo soy. Ella me ha cambiado.
Y tú... tú también me has cambiado. Nunca he sido tan infeliz como desde el momento en que te conocí y...
Y supe que ya nunca volveremos a ser lo que éramos, para bien o para mal.
Que ya nunca podré mirarte de la misma forma. No por juzgarte, sino porque eres alguien diferente. Esa es mi realidad.
Y supe que lo que vivimos no se repetirá, y que pocos recuerdos superarán en belleza a aquellos. Sin embargo, también te conozco lo suficientemente poco como para que aún puedas sorprenderme y tú eres muy dada a sorprenderme.
También dicen que "ofrecer amistad al que pide amor es como dar pan al que muere de sed"...
Y yo, que decía que esto se acabó. Y tú, que decías que ya no nos llevábamos apenas... y por un momento parecía que el abismo estaba a un paso. Pero el miedo a la caída, ver tan de cerca aquella oscuridad de un pozo sin fondo... nos hizo reaccionar. Y aquí estamos. En la cuerda floja. Como siempre, por otro lado. Poco duraron los tiempos de tranquilidad, si es que alguna vez los hubo realmente, porque incluso al principio íbamos tan rápido como lo poco que nos conocíamos nos permitía. Y queríamos más y más. Más risas, más tonterías y estupideces con que llenar el tiempo silencioso. Aunque aquel silencio fuera cómodo, y ahora lo sea un poco menos. Porque yo siempre entiendo que te debo alguna palabra, y que si me callo es como si estuviera enfadada y no tuviera nada que decir cuando, ya ves, las palabras me salen a borbotones. Escribo tan rápido como me permiten mis dedos, y mi vaga memoria. Me ha borrado muchos recuerdos, ahora no le estoy agradecida. Lo ha hecho tarde, además. Cuando más dolían era cuando debieron haber sido eliminados. Pero hago lo que puedo. Intento no romperme en pedazos ante ti y conservar mi integridad. Mi dignidad. La que me has arrebatado. Lo haces día a día, y me da la sensación de que lo haces con alevosía. Pero debe de ser divertido manejar a alguien a tu antojo. Alimenta tu ego a mi costa, no me importa. Sólo espero que algún día, todo esto... sirva de algo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario