Como nunca.
Esto parece casi utópico. Irreal. Y por eso ha estado a punto de desmoronarse, cuando rozábamos con la punta de los dedos la gloria, de nuevo. Pero he vuelto a armarme de valor, como volvería a hacer mil veces más por ti. Todo por ti... apartar el orgullo, el dolor, soportar tus cambios de humor (y tú los míos, que ya llegarán...), tus comentarios tan a la ligera cuando no sabes lo mucho que me duelen algunos de ellos... aunque voy encajando la situación, integrándola por completo en mi vida. Asumiendo que es casi una verdad inamovible. Y aunque tú me digas que no le ves futuro a vuestra relación, yo seguiré creyendo en vuestro amor... es lo más prudente.
Prudencia, y paciencia. Es todo lo que necesito. Bueno, y mucha comprensión. Autocontrol por mi parte también. Sobre todo cuando te empeñas en recordar detalles que a veces resultan incómodos, absurdos o ridículos. Todo a la vez. Como eso de hoy de: "Hasta esa oficina de Correos donde fui a recoger el póster que me regalaste por mi cumpleaños... en el verano de 1º". No supe cómo reaccionar. Un pensamiento turbó mi estado de ánimo por un momento. La última vez que fui a tu casa, aquel póster había desaparecido y tú alegabas que era por falta de espacio... pero yo ya sabía por qué era. Y la rabia crecía en mí. Quería gritarte a la cara, pero sólo mostré cierto descontento y una mayor pasividad ante tus bromas, tus intentos por apaciguar los ánimos. Se te da bien desviar la atención... hasta cierto punto.
Y mañana... mañana ya veremos. Un nuevo día. Una nueva vida.
P.D.: ¿El primer día del resto de nuestras vidas...? No tan rápido, no tan rápido...
No hay comentarios:
Publicar un comentario