Hace no tanto que esta puerta estuvo siempre abierta para ti. Podías entrar y salir libremente, podías cerrarla, marcharte y volver a abrirla y entrar. Y lo hiciste, varias veces. Ahora quizá no entiendas el cambio, el portazo en la cara, las llamadas sin contestar. Esa puerta se cerró para ti ya. Es una decisión temporal, durará tanto como tú quieras seguir jugando conmigo. Lo único que pretendo hacerte ver es que esto ya no es lo mismo. No importa de quién sea la culpa, no necesito saberlo. Sólo te pido que dejes de insistir, como yo dejé de querer hacerme notar... cuando comprendí que había perdido la batalla. Bueno, esta batalla siempre estuvo perdida, ya de antemano. Sólo que yo no te conocía lo suficiente, y pensé que nos uniría algo especial, como se suele decir, algo diferente, sin necesidad de ponernos etiquetas. Pero tú me pusiste en mi sitio, y te lo agradezco hasta cierto punto, ya que la caída habría sido mayor si no. No te guardo rencor, sólo trato de comportarme con indiferencia, de guardar las distancias que ya marcaste tú en su momento. Trato de mantener esa distancia, ¡pero me lo pones muy difícil! Y yo no voy a clarificarte mis sentimientos... no te debo ninguna explicación. Lo único que te debo, quizá, es que al menos podamos comportarnos de forma normal, aun con todo lo sucedido, con todo lo dicho, con todo lo hecho... tiene mérito, y sin ti no habría podido conseguirlo; es cosa de dos. Y mira que yo ya veía el final de esto que prácticamente acababa de empezar... aun así, sí, tú pareces querer volver a lo de antes pero sin permitir que yo me emocione y vaya demasiado lejos. Me propones planes inverosímiles, me dices palabras que ya nunca pensé que me dirías. En fin, no es nada del otro mundo, nada de promesas de amor, de amistad..., ni compromisos. Las promesas de amor ya se las lleva otra persona. A mí me tienes reservada, aún no sé para qué. Cuándo tendré que hacer mi papel, o cuándo tendré que entrar yo en escena... de verdad que no lo sé, porque llevas tú las riendas, pones tú el compás. Yo tan sólo me dejo llevar por lo que propongas... si propones algo, tras un gran dilema interior, suelo aceptar a regañadientes y como si me estuviera haciendo de rogar. Y si no propones nada... no pasa nada tampoco. He perdido la iniciativa ante ti, por decisión propia. La más coherente. Me someto a ti pasivamente y supongo que ya me voy acostumbrando... pero aún quedan pequeños baches, o días para romper con la rutina. El primer turno es para ti, todo tuyo. El día de mi 20º cumpleaños. Cuando tú cumplas los tuyos, yo no estaré. Y mejor, porque para soportar lo que habría que soportar... ojalá ese día pase rápido. Que sólo me dé tiempo a pensar en una felicitación barata y llena de tópicos. Con el recuerdo te bastará, no creo que necesites más. En cambio, si yo te contara lo que necesito... todo lo que necesito. Te necesito tanto a ti... Pero...
ASÍ ES LA VIDA. punto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario