Siento tanta frustración que diré incluso: "¡Dios!". Me da igual que nadie vaya a leer esto, lo importante es que no se me queda dentro. Pensaba que tantas cosas eran de una determinada manera... y veo que no son así (todo por mi estúpida ingenuidad y por pensar que existen las cosas ideales en este mundo). Prefiero callarme esas cosas precisamente, pero creo que me estoy llevando una gran desilusión y una gran decepción, por esperar de la gente lo mismo que yo doy. El problema estará en que yo doy demasiado, yo doy todo lo mejor de mí (no siempre y a todas las personas pero a muchas sí) y espero eso mismo. ¡NO, ERROR! Jamás esperes algo a cambio, o acabarás como yo. Siempre pensando en los demás antes que en mí, y está visto que en este mundo si eres así te pisotean, te ignoran, te destruyen, te empujan... si todos nos preocupáramos por los demás, entonces la cosa funcionaría. Pero como no es así... el caso es que la solución no es dejar de preocuparse por los demás, porque eso no va conmigo. No puedo dejar de ser como soy. No puedo dejar de entregarme como lo hago, es inevitable, es algo innato en mí. Me molesta ser así, aunque no siempre. Me molesta cuando se olvidan de mí a la hora de dar las gracias aunque sea, sin embargo, se supone que yo lo hago desinteresadamente. Yo ayudo sin pretender recibir nada a cambio, ¿no? Bueno, hasta cierto punto, obviamente. Hay mucha gente desagradecida, pero yo no puedo cambiar a las personas. Como decía aquella famosa cita: "Si quieres cambiar el mundo, empieza por ti mismo". ¿Y se supone que voy a cambiar mi vida para mejor dejando de ayudar...? Aprender a que te resbalen más las cosas, quizá esa solución no sea tan drástica. Aún así, sé que jamás aprenderé eso. Al contrario, yo me rallo por lo más mínimo. Cada detalle lo tengo en cuenta... y hay gente que no le da ninguna importancia a los detalles, pero a través de ellos también se demuestran los sentimientos o lo que nos importan los demás.
En fin, en este mundo todos tenemos cada vez más prisa, siempre de aquí para allá, y nunca con tiempo para pensar o preocuparnos por los demás. A veces hay que pararse en seco, reflexionar sobre tu vida, y mirar a tu alrededor, no estar tan ciego como para no ver que hay quien necesita TU ayuda. Para ti puede que sea una ayuda insignificante, para esa persona será justo lo que necesita. No se pide mucho, a veces basta con una sonrisa, que tan poco cuesta y tanto produce.
Desde luego, yo, ahora, de lo que menos tengo ganas es de sonreír...
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