Silencio, silencio en mi corazón. También en mi boca. Dura el silencio entre nosotras. No importa. Yo sigo hablando contigo secretamente, diciéndote cada día que exploto de ganas por verte, por que llegue ese día, ya no el viaje, sino el día en que llegues tú. Al día siguiente, cogeremos juntas un avión, desde aquí, desde mi aeropuerto.
Quién me lo iba a decir hace unos meses... que tú volverías aquí, para estar conmigo. Será la segunda vez en cuatro años que vengas... yo, en cambio, llevo sin ir a verte desde hace ya casi cinco años... visto así, parece que no te has olvidado tanto de mí.
Ya sólo puedo contar los días. Y permitirme ser valiente algunos días, sobre todo noches... y volver a ser cobarde a los pocos minutos. Porque algunas noches mi mente me engaña y parece que todo se alineará para que nos besemos. Entonces echo a volar e imagino cómo provocaré la situación... de la manera más inocente o absurda. Cómo, estando tumbadas en la cama, te cogeré la mano con cualquier excusa, entonces nos miraremos, nos reiremos (o no, no es necesario) y quizá nos entren las ganas y nos lleven ellas solas al abismo de nuestras bocas.
16 días.
Lo que inspiras en mí...
No hay comentarios:
Publicar un comentario