¿Qué te costaría escribirme unas letras juntas mal puestas? Basta tan poco para hacerme feliz, y basta con que no hagas nada para hacerme infeliz, pues cada día que pasa desapercibido como uno más, con tu silencio cayendo como una losa, es una pregunta sin respuesta. ¿Por qué no me diriges ninguna palabra? Yo, en cambio, no dejo de pensar qué será del verano, y si, tal vez, dormiremos en esas camas... esas camas que se encuentran frente a frente. Imagino el calor asfixiante de las zonas costeras, unido a mi insomnio. Tú intentando conciliar el sueño... mis inhibiciones ahogadas en alcohol. Acercarme lentamente a ti, gateando, traspasando la frontera entre mi cama y la tuya. Tumbarme a tu lado, vistiéndolo de inocencia. O de simple curiosidad. Decirte estupideces. Hacerte cosquillas. Revolcarnos en la cama. Las puertas cerradas, ¿o quizá abiertas para que hubiera algo más de corriente? En cualquier caso, las correría- toda una declaración de intenciones...
A cada día que pasa, pierdo un poco más la ilusión y la esperanza... y prefiero pensar que no vendrás. O que, si no vienes este verano y a cambio viene sólo él, el próximo verano sí vendrás... y no habrá nadie más.

E imagino también que vienes y nos marchamos a otra ciudad, yo hago de guía y nos hacemos una foto así... yo te miro a los ojos y sonrío con ternura mientras tú miras hacia la cámara y la ciudad en cuestión se expande a nuestras espaldas...

No hay comentarios:
Publicar un comentario