Miro a mi izquierda y sólo veo dibujos que me hizo, garabatos, letras, estupideces... también a mi izquierda está el móvil que es mi vía de comunicación más fiel y discreta. Para ella, es perfecto. Así no despierta los celos de nadie...
Y me habla sin ton ni son, me pregunta, intenta ser amable, ¡ME BUSCA CUANDO HE DECIDIDO IGNORARLA O, SIMPLEMENTE, DEJARME LLEVAR...! Y estoy harta de estos vaivenes. Por las mañanas, tardes o noches, indistintamente y siempre en momentos inoportunos, me remato recordando las tonterías que hice por ella, como aquella noche en que, esperando en la cola para entrar a una discoteca, hablé con ella por teléfono. Estaba borracha. Yo, claro. Y no se me ocurrió otra cosa que profesar una y mil veces mi amor inocente hacia ella. Inocente e inofensivo. Dentro de la normalidad de una amistad pero rozando límites peligrosos. Ya se sabe, estaba borracha... no tenía fronteras ni inhibiciones. Sé que en ese momento eso que le dije era lo que sentía y tenía que decirlo, pero ahora no lo diría, ni estando borracha. Fue un completo error. Toda ella en mi vida es un error.
Y sé que no quiero verla más. Al menos no hoy, ni mañana... quizá durante la semana, si me da tiempo a ponerme a extrañarla, vuelvan las ganas locas de verla. De ir a verla en el momento que me plazca. Plantarme allá donde esté, como una completa idiota
No hay comentarios:
Publicar un comentario