Mi piel ya no huele a alcohol, éste se volatilizó mientras disfrutaba de 6 horas de sueño, 6 horas en las que mi mente liberó tensiones y pensamientos peligrosos. 6 benditas horas en las que mi cabeza no me torturó como suele hacer a lo largo del resto del día. Nunca sabría, como he dicho, por dónde empezar... supongo que hablo de las cosas según me van viniendo, no jerarquizo, todos mis problemas me preocupan, aunque quizá en mayor o menor medida.
Tengo 19 años, relativamente recién cumplidos, y aún no he aprendido a no colgarme de alguien, a no jugar con mis propios sentimientos, y a enfocarlos en la dirección acertada. No he aprendido a mostrarme como soy, salvo en contadas ocasiones, no he aprendido a descargar mi rabia, sino que he ido acumulándola, y es como si se hubieran formado capas que sepultan aún más mi interior. No he aprendido a anteponer 'yo' a 'los demás' (quizá un poco de egocentrismo no me vendría mal... pero sé que no...). No he aprendido a descubrirme a mí misma, a pesar de haber tenido muchas ocasiones para estar a solas conmigo. He sacrificado amistades por cuidar a una sola persona. He querido conocer y comprender al 100% (¿cómo? Cuando ni siquiera nosotros mismos llegamos a conocernos en cada situación y hasta el final...) a una persona, corriendo el riesgo de perderme todo lo que otras personas a mi alrededor podían estar ofreciéndome. He depositado una gran responsabilidad sobre ciertas personas, fruto de mis altas expectativas, expectativas sin base alguna, simplemente, porque yo las puse así, a esa altura. Subí el listón y, aunque esa persona llegara a la mitad, yo era feliz, aunque me sentía incompleta. Siempre me habría sentido incompleta y, por descontado, frustrada e insatisfecha. Al depositar esas altas expectativas en una persona, no supe ver que su reacción fue la más natural y normal, el miedo. Miedo a la responsabilidad. Miedo al compromiso. Miedo a no estar a la altura, en definitiva. Lo interpreté como un alejamiento, en realidad lo fue. Y fui aún más tras esa persona, intentando traerla de vuelta, más cerca de mí. Todas las relaciones funcionan así. Tú te alejas, la otra persona reacciona e intenta salvar la distancia, que todo siga como antes. Yo siempre había tenido esto en cuenta... ¿o es que alguien se cree que no me di cuenta? Por eso le dije que hay cosas que es mejor no decir nunca... Porque es inevitable pensar sobre seguro, y dejar de esforzarse por algo que sabes que siempre tendrás.
Pero hoy... y ayer, y antes de ayer, y desde hace semanas, y meses... vivo en un "tira y afloja". Y me he cansado, ¿vale? Pasar de un extremo a otro es algo que va bastante con mi personalidad, no sé si porque soy así o porque ya me he acostumbrado a ello, y le he cogido cierta simpatía a las montañas rusas de emociones y a expresiones como "inestabiliad emocional" o "desorden emocional". Desorden es lo que hay en mi cabeza. Mis principios se han esfumado porque, poco a poco, y no una sola persona, sino varias, han ido despojándome de ellos. Porque... qué fácil es perder la cabeza por alguien y dejarse llevar por el momento... tanto que nos aconsejan siempre... carpe diem... como creo que ya dije una vez aquí, hoy, y últimamente, es uno de esos días en los que mandaría el carpe diem a la mierda. Me he cansado de mi tendencia a dejarme llevar por el momento, y estropear así todo lo anterior...
Juro que algún día me esforzaré en conocerme mejor, en pensar un poco en mí misma, en no tener miedo a decir lo que me gusta y lo que no, en descubrir cosas nuevas, por mí misma, que nadie me haya contado ni recomendado. Lo triste es que no puedo poner una fecha exacta ni prometer que esto sucederá pronto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario