Creo que esto es así porque somos seres irremediablemente limitados, inacabados, imperfectos. Replegados sobre lo que controlamos y conocemos tropezamos una y otra vez con nuestra propia limitación y desorientación existencial. Nos pasamos la vida buscando por los caminos más sensatos, absurdos o peregrinos la plenitud de la que no disponemos, ni dispondremos, algo que nos supera por completo. Nos revolvemos contra nuestra limitación, tratando de ignorarla o sortearla.
Detrás de la búsqueda del dinero, la seguridad, el poder, el protagonismo o de cualquier causa, incluso de la lucha por un mundo más justo, muchas veces encontraremos la búsqueda desesperada de una plenitud inalcanzable, la nostalgia de un paraíso sobrehumano. Pero eso no está al alcance de lo que podemos controlar por nosotros mismos.
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